Hace no mucho tiempo estuvo circulando la noicia de que el gobierno de Irlanda había aprobado un ingreso económico para los artistas irlandeses [1]. Algunos conocidos compartieron en redes esa noticia con gusto, celebrándola, la mayoría de ellos es gente involucrada en distintos ámbitos creativos. Aunado a esto, también hace no tantos días, el algoritmo de YouTube me llevó a un video llamado «Why Only Rich Kids Make It In Music Today», de un canal perteneciente a Rick Beato [2]. En ese video, el youtuber argumenta que el hecho de que solo «niños ricos» puedan tener carreras exitosas en la industria musical del norte global se debe a que las cosas en general se han ido encareciendo y el tiempo que no se ocupa en un empleo formal y demandante se otorga a otras actividades laborales que ayudan a las personas a llegar a fin de mes y pagar rentas cada vez más caras, así como alimentos y transporte. Beato cuenta desde su experiencia cómo la vida laboral de antes a pesar de todo permitía desarrollar actividades artísticas, y las bandas tenían en general condiciones más óptimas para desarrollarse profesionalmente.
Los casos anteriores también me hicieron pensar en una conversación disponible en línea, en la que Brian Eno, el renombrado productor y músico, platica sobre anarquismo, economía y arte con el académico y antropólogo David Graeber, personaje importante del movimiento Occupy Wall Street, además de ser autor de libros como «Trabajos de mierda» y «El amanecer de todo. Una nueva historia de la humanidad». Una de las reflexiones de Graeber al hablar acerca de las icónicas bandas musicales del siglo pasado, se centró en el mismo punto que Rick Beato; el hecho de que no existen hoy en día esos fenómenos colectivos de músicos con la misma fuerza con la que se dieron en la segunda mitad del siglo XX. Para Graeber, los músicos que podrían llevar a cabo dicha producción artística no lo hacen porque están ocupando su tiempo acomodando cajas en algún almacén o haciendo cosas por el estilo [3]. Esta postura, tanto de Beato como de Graeber, la podríamos resumir en que muy pocas personas con los medios suficientes pueden dedicarse a formas de trabajo menos alienantes a los que la gran mayoría de individuos no tienen acceso.
Tanto la cuestión de los apoyos del Estado en Irlanda a las poblaciones artísticas como la situación de la industria musical y su fuerza laboral representan aspectos opuestos de un fenómeno cultural y nos otorgan un panorama general de la situación para los creadores así como nos invitan a considerar la importancia de una postura como la del gobierno irlandés. Aunque es menester plantearnos también los casos concretos de la producción cultural no solo desde la óptica material del norte global.
Perspectivas de la situación en México.
Los ejemplos anteriores, la postura de Graeber y Beato y los apoyos de Irlanda a los artistas, como dije antes, provenien del norte global. Es decir, corresponden a situaciones materiales muy diferentes a las que tenemos en México, un lugar en el que desde mi perspectiva ha habido una abundancia de bandas y proyectos musicales muy interesantes que no han contado con la infraestructura suficiente para desarrollarse creativamente. Por ejemplo, hace algún tiempo se llevó a cabo el festival «Bandemia», que quería otorgar un espacio a bandas de la escena local, además de que se pretendía llevar a cabo en un lugar fuera del circuito gentificado de las colonias Roma y Condesa, donde abundan este tipo de eventos independientes. Por esto se veía como una alternativa a los festivales auspiciados por grandes marcas comerciales cuyas carteleras son conformadas por artistas ya consolidados en la industria musical. En estos lugares, aunque se pueden llegar a colar algunos artistas independientes con buenos números en redes y plataformas, sobre todo se programan artistas y bandas con respaldo de empresas como Universal o Sony Music, por mencionar dos de las más reconocidas.
A pesar de los efuerzos de estos grandes festivales, han habido muchos casos catastróficos en los que incluso se han perdido vidas, como fue el caso del Axe Ceremonia. El Bandemia, no obstante toda la expectativa que generó, también nos dejó con una pésima experiencia por su mala organización y el riesgo en que se puso a los asistentes por los disturbios después de haber sido abruptamente cerrado el acceso sin notificación previa [4], además de que se pone en evidencia lo difícil que es conformar redes colectivas locales en torno a la música, que estén alejadas del gran capital. El fracaso de un proyecto como el Bandemia se puede leer como un eco de Avándaro y la tragedia del rock nacional; una escena relegada a los hoyos funky por los aparatos represivos estatales, fuera de los reflectores y del alcance masivo. Si bien en EUA y Reino Unido los músicos lidiaban con tener un trabajo de medio tiempo y juntar dinero para pagar salas de ensayo además de pagar la renta, en México los jóvenes se preocupaban por seguir con vida en medio de un régimen autoritario de gobierno que repudiaba las multitudes, sobre todo de gente joven con ansias de nuevas experiencias políticas, culturales y personales. Desde entonces se han ido sumando también, en países que no tienen las condiciones materiales del norte global, la precarización del trabajo artístico y el alto costo de vida para la gran mayoría de personas, aspectos previamente discutidos y que hoy afectan también la situación actual de trabajadores en otras latitudes como EUA y la Unión Europea. En México es evidente que siempre ha sido más difícil hacer arte desde el siglo pasado y más atrás en el tiempo… Aunque este factor obviamente no ha sido definitivo para que los individuos dejen de crear productos artísticos de gran calidad y valor.
Los apoyos estatales para la difusión y creación de actividades artísticas, así como para la reflexión crítica y académica en torno a estas prácticas, han tenido una larga tradición en la república mexicana. En el siglo XIX, algunos empresarios extranjeros llegaron al México recién independizado con la idea de hacer dinero a través de las compañías de ópera y los teatros por medio de la venta de abonos para el público de las principales ciudades del país, sobre todo en la Ciudad de México. Estos extranjeros, así como varias personas de la élite cultural y política mexicana, argüían que la ópera debía ser apoyada por el Estado pues era una cuestión que ayudaba doblemente a la sociedad mexicana, pues cumplía con la labor de educar al pueblo así como lo incluía en el camino de la «civilización» y el «progreso», pues con buenos espectáculos operísticos, la sociedad mexicana accedía a los mismos productos culturales que las principales orbes europeas, así como a los libretos, la música y hasta los mismos cantantes e intérpretes [5]. En el México independiente se sentaron las bases para el desarrollo de una relación entre Estado y artistas que en el siglo XX habría de tener repercusiones en los principales movimientos artísticos tan conocidos, como el muralismo o el movimiento nacionalista musical.
¿Por qué es relevante el arte para una sociedad?
El arte, la creatividad, el trabajo como «expresón vital libre, por tanto goce de la vida» [6], son asuntos medulares de una sociedad, incluso me atrevería a decir que están muy relacionados con la esfera de la salud pública, un ámbito que para mí es más necesario atender que los temas decimonónicos del progreso o la civilización. El doctor suizo Carl Gustav Jung fue un psicólogo análitico en cuya obra la creatividad, o el «complejo creador autónomo» como él lo nombró, es un factor fundamental para la regulación en el proceso psicológico, el cual en situaciones normales se desarrolla sin caer en patologías neuróticas o psicóticas (términos usados en la época de Jung para referirse a lo que ahora se conoce como trastornos o disforias). Aunado a esto, la creación artística para Jung no es únicamente un proceso aislado indvidual, más bien está intrínsecamente relacionada con el inconsciente colectivo y los arquetipos, así como con el espíritu de una época concreta (Zeitgeist).
«Aquí radica la relevancia social del arte: siempre trabaja en la educación del espíritu de una época, pues convoca a esas figuras que más faltan al espíritu de una época. Desde la insatisfacción del presente, el anheo del artista se retrae hasta alcanzar en lo inconsciente de la imagen primigenia propicia para compensar del modo más eficaz las carencias y la unilateralidad del espíritu de la época». [7]
-C. G. Jung.
Así, el complejo creador autónomo representa para el individuo una vía de autorregulación, y en un movimiento paralelo «el arte constituye un proceso de autorregulación espiritual en la vida de las naciones y las épocas».
Lo que valoramos como trabajo.
La discusión sobre la relevancia del apoyo al arte desde las esferas estatales nos lleva a cuestiones más profundas sobre el papel del trabajo en nuestra sociedad. En primer lugar nos hace pensar qué es lo que se valora del trabajo actualmente, no sólo en términos de trabajo manual o industrial, también en relación con las labores creativas y relativas a los cuidados. David Graeber reflexionó mucho acerca del trabajo en tiempos recientes y desde una perspectiva histórico-antropológica. Para él, existe la idea en general de que el trabajo necesario e importante, como el de una enfermera o una profesora, debe ser peor pagado que otros trabajos [8]. Esto es así porque se asume que el trabajo alienante, aquél que «solo aparece como la expresión objetiva, sensible, observable y por tanto indudable de mi pérdida de mí mismo y de mi impotencia» [9] , es el tipo de trabajo más deseable y en algunos casos debe ser más remunerable que otros en los que la individualidad y la peculiaridad se objetivan en la producción.
El lado B.
«Los pocos hogares que antes eran respetados por el cultivo serio de los estudios ahora se dejan llevar por los deleites de la pereza. Y así, en lugar de un filósofo se reclama a un cantante, y en lugar de a un orador a un experto en artes lúdicas. Y, mientras las bibliotecas permanecen siempre cerradas como sepulcros, se fabrican órganos hidráulicos, enormes liras que parecen carrozas y flautas para los histriones». [10]
-Amiano Marcelino.
¿Qué se esconde detrás del hecho de que una sociedad dirija sus reclamos a cantantes y actores en lugar de a filósofos y oradores, o, en nuestra época, a políticos y ceo’s? En tiempos de la guillotina digital, se reclama que personas que han amasado fortunas al ser seguidos por las masas, como muchos artistas, se queden callados frente a actos injustos y crímenes horripilantes cometidos por gobiernos e individuos por igual. Los filósofos e intelectuales de nuestro país pueden decir misa, pero no tienen los alcances ni la influencia que tiene un Peso Pluma y sus corridos tumbados. Hay algo en el sentir general acerca de la responsabilidad social que puede llegar a tener un cantante o un actor.
Podemos percibir una clara influencia en la opinión pública, proveniente de ciertos artistas y creadores que están inmiscuidos con las esferas del poder político y económico, de ahí que hablemos de influencers. Esto podría corresponder, en términos junguianos, al aspecto unilateral y cerrado del espíritu de una época, razón por la cual es probable que las personas del s. IV a las que se refería Amiano Marcelino, se hayan distanciado de aquellos discursos filosóficos al servicio del Imperio, y al distanciarse de las bibliotecas, también se distanciaron de pensadores de otras épocas. En tiempos del Imperio Romano, los oradores y filósofos eran las estrellas de rock. Eran ellos los que se codeaban con las personas más ricas e influyentes. Ahora, tenemos casos como los de Suge Knight jugando Golf en la Casa Blanca con un Clinton, o cientos de celebridades siguiendo ciegamente a Trump y dándole su apoyo. En México, por ejemplo, también tuvimos a un sicario muralista que atentó contra la vida de un cabecilla soviético rival del dictador Stalin [11], y hoy en día un Polifórum lleva su nombre en una de las avenidas más importantes de la capital, siendo un lugar donde siguien aconteciendo importantes eventos culturales. También tuvimos a un escritor, Octavio Paz, embajador de la India durante el gobierno autoritario priísta de Díaz Ordaz. Ese mismo poeta que luego habría de alabar las reformas privatizadoras de Salinas de Gortari a pesar de haberse distanciado del PRI después de la matanza de Tlatelolco en octubre de 1968 [12]. Y así, cientos de expertos de las artes y la creatividad se han escabullido en las estructuras del poder político y económico, beneficiándose de las letras chiquitas y lagunas jurídicas, de los matrimonios estratégicos, de la publicidad gratuita pagada con impuestos del pueblo, de las concesiones legales, del dinero, de la corrupción, del estatus social y hasta del crimen organizado. Aunque son muchos, no se comparan con la cantidad de gente que consume sus productos artísticos y les pide cuentas cuando callan sobre las guerras y los genocidios, o peor aún, cuando se vuelven simples títeres del status quo y defensores de los tiranos, de los cuales reciben múltiples beneficios.
Arte, pensamiento, época, humanidad y economía se funden en un entramado complejo y con muchas aristas, desde la profundidad del inconsciente colectivo hasta la sociedad del espectáculo. Sin embargo, es válido preguntarnos: ¿hasta qué punto los gobiernos autoritarios y los sectores privados han financiado solo arte y artistas complacientes, que les han servido para sus maquiavélicos intereses? Esta es una cuestión de carácter estructural que tiene por trasfondo lo lejos que estamos de procurar trabajo justo y dignificante no solo para los creadores, sino para cada una de las personas, para que puedan desarrollar su sino, sus potencias en la actividad que más afín les resulte.
Referencias.
[1] «Ireland launches world first scheme to provide basic income for artists» – www.bbc.com/news/articles/c5yv389dnk5o
[2] «Why Only Rich Kids Make It In Music Today» – https://youtu.be/sjJrR1OdAIg
[3] «Longplayer Conversations 2014: Brian Eno and David Graeber» – https://youtu.be/cuBpOXGLn_o
[4] «¿Quién cerró las puertas de Bandemia? La versión de los organizadores» – www.corrientealterna.unam.mx/nota/quien-cerro-las-puertas-de-bandemia-la-version-de-los-organizadores/
[5] De Pablo Hammeken, L. (2018). La república de la música: Ópera, política y sociedad en el México del siglo XIX. Bonilla Artigas Editores.
[6] Marx, K. (2011). Cuadernos de París. (Notas de lectura de 1844). (B. Echeverría, Trad.; estudio previo de A. Sánchez Vázquez). Editorial Itaca.
[7] Jung, C. G. (2014). Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia (C. García Ohlrich, Trad.). Editorial Trotta.
[8] «David Graeber on basic income» – https://youtu.be/BEb4Bda_06c
[9] Marx, K. Op. Cit.
[10] Amiano Marcelino, Res Gestae, Libro XIV (siglo IV). Fragmento tomado de Vallejo, I. (2020). El infinito en un junco. Siruela.
[11] «Attorney for Trotsky’s Widow Blasts
Story of GPU Assassin» – www.marxists.org/history/etol/writers/goldman/1940/10/attorney.htm
[12] «Así espiaba la policía política del PRI a Octavio Paz» – www.elmanana.com/suplementos/dominical/asi-espiaba-la-policia-politica-del-pri-a-octavio-paz/4606031

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